Las crisis, tal y como estamos comprobando, ocurren con más frecuencia de lo que podemos llegar a pronosticar. Los millennials, en aproximadamente 30 años, ya hemos vivido dos: la de 2008 y la actual. Y esto teniendo en cuenta solo aquellas que nos han afectado en nuestra vida laboral y/o universitaria. Además, de acuerdo con Centers for Disease Control and Prevention, uno de cada cuatro empleados ven en sus trabajos el principal factor estresante en sus vidas. Y como las culturas de trabajo actuales son muy activas y exigen que estemos hiperconectados y actualizados, es muy probable caer en el síndrome del burnout.

La clave para no solo sobrevivir a estas crisis o ambientes de estrés, sino seguir avanzando en nuestro desarrollo, está en la resiliencia. ¿Y qué es la resiliencia? Es la capacidad de sobreponerse y avanzar ante momentos difíciles de la vida, de resistir a la adversidad y recuperarse. Se construye mediante actitudes, comportamientos y apoyos sociales. Es decir, se puede aprender a ser resiliente.

Y así como las personas podemos aprender a desarrollar esta capacidad, también las organizaciones pueden desarrollar e impulsar una cultura de resiliencia. ¿Cómo podemos construir una organización resiliente?

  • Alinear los valores organizacionales. Valores y compromiso van de la mano y, para ello, antes debemos definirlos y que todo el equipo los conozca para poder adoptarlos. Para lograr una organización resiliente debemos saber identificar esos valores que forman parte de los pilares de la empresa y que identifican cómo opera. Nos servirán como punto de apoyo en momentos de cambio.
     
  • Recarga la energía con pequeñas pausas. Debemos prestar atención a nuestros picos y valles de productividad. Los ciclos de energía suelen durar entre 90 y 120 minutos, por lo que es conveniente desconectar durante unos minutos para restablecer esa energía.
    Una investigación de Anders Ericsson descubrió que equilibrar la actividad laboral con un breve tiempo para descansar y desconectar de esas tareas puede promover una mayor energía, creatividad y enfoque, además de aumentar nuestra capacidad de resiliencia a lo largo de la jornada laboral.
     
  • Agilidad mental. Podemos aprender a cambiar nuestra reacción ante el estrés que puede producir cualquier situación. Este proceso en el que de manera consciente entrenamos a nuestra mente a quitar el foco de la sensación de estrés, nos permite observar la experiencia desde un punto de vista más neutro para poder resolver el problema. Esta flexibilidad nos da pie a reflexionar, cambiar de perspectiva y elegir entre diferentes opciones.
     
  • Compasión. Los empleados que experimentan en su entorno de trabajo comprensión y empatía ante los problemas ajenos se ven a sí mismos, a sus compañeros y a la organización de manera más positiva Según una investigación del Greater Good Science Center, la compasión aumenta estas emociones positivas, crea relaciones laborales más sólidas y estimula la colaboración. Por lo tanto, fomentar entornos abiertos al componente emocional también disminuye el estrés, mejora la cohesión entre las personas y el compromiso ante los retos comunes.
    Según Thomas Wright, investigador de la Universidad de Nevada, el bienestar psicológico representa del 10 al 25 por ciento del desempeño laboral de un empleado y es predictivo de evaluaciones positivas de los empleados hasta cinco años en el futuro.
    Tiene sentido, pues también somos humanos en el trabajo, ¿verdad?
     
  • Perspectiva realista. Los objetivos realistas nos ayudan a avanzar diariamente con propósitos alcanzables. En medio de una crisis, además, estos pequeños objetivos nos ayudarán a mantenernos ocupados y motivados. Para ello, solo tienes que asegurarte de que todo el mundo los conozca.
     
  • Feedback de los colaboradores. Es fundamental monitorear el Employee Experience, sobre todo durante los períodos de cambio como los que estamos viviendo actualmente. Tomando el pulso al clima laboral podemos conocer el grado en que los colaboradores experimentan estrés o insatisfacción. Este feedback nos ayuda a identificar y prevenir los problemas o, al menos, a resolverlos con más agilidad. También nos ayudará a conocer qué hacemos bien para no dejar de practicarlo.
     
  • Equilibrio trabajo/vida. Tener un buen equilibrio entre la vida laboral y personal nos ayuda a desarrollar nuestra resiliencia en el trabajo porque somos más conscientes de que hay vida más allá del trabajo. Hacer deporte, ver a nuestros amigos o dedicar tiempo a nuestros hobbies, ayuda a eliminar la tensión de la jornada laboral para volver cada día con energía renovada.

Para ser una organización resiliente, más fuerte y resistente, con capacidad de adaptación debemos, como equipo, ser capaces de aprender de lo inesperado y de estas crisis que irrumpen nuestra estrategia organizacional.

A medida que la transformación digital sigue avanzando, el ritmo al que se producen los cambios aumenta y necesitamos mayor agilidad para adaptarnos con motivación. Para ello, debemos entrenarnos en el manejo de nuestras emociones y armarnos con nuevas estrategias para poder superarnos y aprender en cualquier nueva situación.